domingo, 3 de agosto de 2014

Yo soy sola


“Un relato en primera persona  del camino de la soltería al autodescubrimiento personal “. Mirá que linda forma de empezar, seguro con esto caemos en la trampa de varios libros de autoayuda que de base poseen un supuesto netamente falaz: los solteros somos personas infelices y que no poseemos un conocimiento acabado de nuestra persona, carácter, personalidad, intereses y miserias. Seres incompletos, carentes de amor,
que por desgracias del destino no han tenido la suerte de ser agraciados y poseedores del encanto necesario para el amor perfecto. 

La cosa, queridos, es que hay relaciones que destrozan sencillamente porque uno se deja ,obviamente no por afán de ser dañado o por boludo consuetudinario, sino porque simplemente uno no se da cuenta. Pero eso no implica que uno no sepa quién es, sino que conlleva el dolor de la imprudencia, de los sueños perdidos, del tiempo malgastado, del cinismo recobrado. Entonces los días se ponen oscuros, y uno no se lamenta por la relación perdida, sino que agradece haberla terminada. El lamento, en mi caso, va por otro lado, por esa soledad que se siente fuerte, que recuerda los sueños que no se dieron, que extraña ser querido, que extraña desde un recuerdo mentiroso. Que se culpa y que se muerde los labios, porque no está bueno ser débil. Es la oscuridad de saberse solo, el miedo a asumirlo, el deseo inefable de recuperar esa inocente alegría, el miedo a volver a amar y la certeza hiriente de que hay cosas que nunca serán iguales. 

Obviamente, muchachos, que no es lo mismo deprimirse en una sociedad pudiente,  con los lujos del capitalismo presente en un bien remunerado sueldo, que permita a la persona darse el lujo de deprimirse y alquilarse una cabañita londinense donde llorar a gusto y piaccere  como en la película dañina "El descanso" o hacer un viaje austral y metafísico como en "Comer, rezar, amar". No queridos, deprimirse en Latinoamérica, para la clase media, con un sueldo medio, sin casa y auto, no implica encantadores noches arremolinadas en el precioso depto privado neoyorquino, a puro llanto, vino y helado, donde el moco y el llanto las hace no sólo encantadoras sino atractivas. La cosa es un poquito más compleja, cuando uno se ha topado de lleno en la cara con una sarta de pelotudos y entonces es un poco complejo alejarse del cinismo.  Lo jodido de una separación no es el hecho en sí, sino los daños colaterales, y cuando son golpes cruentos se intensifica con el rumor y el murmullo que acompañan.  Tener que contar cuarenta veces la misma historia y comerte los “pero como no te diste cuenta antes”, “se notaba que èl no era para vos “,  “siempre creí que era una mentiroso”·  Sobre todo cuando eso era en los días recientes y uno lidiaba con los detalles "graciosos" y quería contestar de todo corazón : Claramente no me di cuenta antes, boludo, sino no estaría ahora en esta tienda cambiando el vestido de novia,  para no perder dos lucas,  aguantarme la mirada piadosa y compasiva de las vendedoras conchudas que encima me informan que no tienen talle en vestidos de fiesta. Detalles que ahora en la distancia me parecen incluso divertidos.

En estos parajes una tristeza media, cuando ya tenés treinta y menos intimidad que tu perro cuando hace sus necesidades,   implica ponerse a llorar en la ducha, con el agua bien abierta haciendose ocho para comerse los hipos de una angustia marcada.Porque implica asumir que uno no logró cumplir algunos sueños, que el tiempo pasa, que uno quería amar, amar bien, sin muchas expectativas, sólo descubriendo. Implica asumir que el sueño de la maternidad es cada vez más lejano, que los niños enternecen hasta el dolor.

Las crisis existenciales, necesitan, y ojo con el verbo porque justamente es una necesidad, necesitan poder vivirse con buen gusto, sutileza, decencia y silencio.  Sí de algo doy gracias es de que mis amigos supieron llevarme por ese buen camino. Pero incluso el día a día, en ocasiones es agotador, asumir que a los 30, en esta próspera realidad económica uno no ha podido independizarse duele y mucho.  Ojo , la realidad no es objetivamente  mala, la relación con mis padres es excelente, pero eso no deja de implicar que sigo siendo una sanguijuela dependiente incapaz de despegar, porque la independencia es interesante, pero económicamente hablando te deja en cero. Y claro, a esta edad uno también debe empezar a proyectar algunas seguridades pensar en  la casa, el auto, porque sino lo pienso yo no  lo piensa nadie.Y debo hacerlo sola. Hay cosas que uno puede manejar, hay respuestas básicas ciertas: con el sobrepeso se hace dieta, igual que con  el pucho que se lo deja, pero créanme que cuando uno está triste no tiene ganas de algunas respuestas, porque necesita otras más hondas¿Qué se hace con la tristeza? ¿Qué se hace con el dolor de la soledad? ¿Cómo hago para cambiar esto que duele? 

Agregale a eso que cuando caminas por la calle no falta el que te trata de señora o que te sonríe encantadoramente al verte al lado de un gurrumín de cuatro años, porque da por descontado que es hijo tuyo. Irónica idea cuando lo más cercano que uno tiene de un hijo es un perro.

Ayer un buen amigo me preguntaba, con buen tino e intención, qué podía yo cambiar, y tal vez  en un par de cosas puedo hacer el esfuerzo de. El cinismo existencial se alimenta, al igual que el optimismo. Puedo tener una vida saludable, buscar vivir con más alegría. Pero hay cosas que no puedo, no puedo inventarme un amor, no puedo borrar algunas heridas, no puedo evitar algunas penas. Algunos días no puedo, simplemente no puedo. No puedo evitar la rabia, y perdón amigos, pero algunos días no puedo evitar sentir pena.

 Pero déjenme decirle algo, hay días donde está bueno toparse con las propias miserias y verdades. Es más útil saberse hundido que esperanzado inerte. Hoy estoy hundida en la bosta, querría creer en alguna historieta romántica y esperar que alguien me quiera, pero tampoco quiero cariño lastimero. Me canse de querer proyectos, quiero soñar un rato que la vida me sorprenda en serio. 


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