jueves, 29 de mayo de 2014

Un bello poeta



          Hace mucho no escribo, hace mucho ando aletargada, resistiendo los embates uno a uno, riendo y volviendo a hacerlo una y otra vez. Hace algún tiempo hablaba con un amigo y le explicaba que me sentía inconmovible, seca, dura, convertida en un ser extraño y distante. No hubo una intención declarada de hacer de ese camino una opción, simplemente fui poco a poco haciendo lo que podía, apretando los dientes en una sonrisa para continuar, para no dejar de caminar, para no dejar de ser y sentir.
          El día a día no es sencillo, pero uno se acostumbra a una rutina, a una seguridad en cada paso, en cada esquema repetitivo, en cada gesto y en cada lugar. No me sentía plena pero si segura, satisfecha, conforme y con una angustia creciente en el pecho cuando pensaba en esos temas que pronto disipaba. Mi lugar tranquilo de siempre me hacía imposible hablar. Nadie me lo impuso pero decidí resistir como una niña buena los dolores que me tocaron.
        Hace unos días atrás, casi por casualidad me topé con un poeta del cual no tenía ni siquiera el nombre en mi mente. Lo vi en una charla TED, me conmovió profundamente, me maravillo su poesía, su valentía, su sonrisa, sus manos y su tremendo coraje de desnudar su alma por el amor a los demás. Soy profesora, acostumbro indagar todo lo posible sobre aquello que me maravilla, y de a poco fue adentradome en su obra.
        Un poema, un sólo y bello poema me desnudo por completo de mis máscaras, de mis aciertos.
        Lloré, casi sin querer comencé a dejarme conmover, porque ya no podía controlarlo, porque había un pedido sincero "Se honesto". Lloré por lo que puedo ser, por lo que fue, por lo que quise, por lo que odie, por lo que añoro, por lo que imploro. Lloré porque mi vida está rota, y porque de tanto recomponer pedacitos sueltos he logrado ser fuerte, lloré porque ha dolido, porque duele, porque es triste. Lloro porque mendigue cariño y soporté humillaciones, lloré por la mentira y por la verdad perdida. Lloré porque le hice frente, porque me escapé de un juego cruel y mezquino. Lloré porque soy libre y porque me costó serlo.
Lloré porque yo también cerré los puños con odio y dolor. Lloré porque tengo derecho a hacerlo.
        Por todas aquellas sonrisas que quisieron ser llanto,  por todas esas mañanas frías lloré. Lloré porque ya no duele, porque ahora puedo, porque soy libre, bella, buena. Porque se que valgo, aunque me costó verlo. Porque solté un dolor que estaba vacío.
        Cuando uno logra ver la belleza de un corazón queda prendido por siempre.  He quedado prendada de esa voz, esa cara, de la belleza de esos ojos que transmiten tanto amor como su palabra. Tuvo que ser un poeta, nadie más pudo quebrar la inercia. Como me gustaría poder agradecerte este llanto y este contento, como me gustaría brindar contigo. Gracias Shane.