sábado, 8 de marzo de 2014

Gratitud docente

        Soy una empecinada pesimista crónica, ojo no por opción ideológica, sino por una simple constitución de mi identidad, lucho todos los días para correr la mirada de la crítica y tratar de ver lo positivo, sin embargo el vicio dialéctico de la crítica y de la observación no es fácil de dejar.

       Por lo tanto,  muy a menudo me encuentro soñando y pensando infinidad de realidades, no siempre todo sucede tal cual uno proyectó, hay varios sueños anhelados que se fueron corriendo, otros que agradezco haber abandonado, y muchos otros que se fueron concretando con el transcurrir del tiempo.

       Hace algunos años atrás el pensarme recibida era casi impensado, costó mucho terminar la carrera pero lo logré, la satisfacción de haberme formado y enamorado de las letras y de la docencia es inigualable. Agradezco y extraño el tiempo de la formación, recuerdo con muchísimo afecto muchas cátedras, algunas profesoras, el misticismo de las letras. Grandes tiempos, base de lo que soy y de lo que busco, de lo que sueño y de lo que anhelo.

        El tiempo actual, en términos educativos, es complejo, duro, triste, sin embargo es nuestro. Llevo a cada uno de mis alumnos guardados en el corazón, saber que toque sus vidas y ellos la mía es hermoso, saber que me hicieron reír, que logramos pensar juntos, recordar sus ojitos emocionados al terminar mi ciclo con ellos y sus rostros, saber que me revelaron sus sueños, sus miedos, sus odios, sus anhelos. No todo siempre fue color de rosas, tuve pibes bravos, que lo eran porque no podían ser otra cosa. Doy gracias por ser docente, por haber tenido el privilegio de estudiar, por haber tenido el regalo de tantos docentes y de tantas letras. Mi docencia es accidental, sin embargo admiro con sinceridad a quienes hacen de este caminar un día a día amante y luchador.

        Tal vez no viva de esta profesión, comparta mis tiempos con otros trabajos, pero la forma de ser y de vivir ha cambiado, el mundo se ha abierto, me regalaron la libertad para pensar y construir, para comprender y ver con color y dolor.
      
        En estos tiempos donde la docencia es menospreciada y abandonada, donde se exhibe a los docentes como el estandarte del que reclama sin derecho, doy gracias por tan noble tarea, y agradezco profundamente a todos aquellos que se dan en las aulas, comprometidos con la tarea educativa. La docencia es una vocación artesanal, el enseñar es un arte, un arte amante.
       
         Muchos luchadores quedaron impresos en la historia como símbolo de su tiempo, los docentes quedan impresos en muchos corazones, porque siempre hay docentes que nos marcan, nos enseñan. Aunque algunos vayan por la vida con otra profesión, la vocación late.

          Cuidemos a los maestros, ellos nos enseñaron a pensar, a ver, a oír, a soñar, a reír, a callar y a tantas otras cosas. Seamos personas gratas. El reconocimiento debido no es sólo el salarial, debemos reconocer que hemos descuidado a aquellos que educan y lo hacen desde el anonimato del aula buscando simplemente abrir el mundo para los chicos.  Este desprestigio lleva años de constituido, hace rato que perdimos el respeto por los docentes, ya vendría siendo hora de cambiar la mirada. Debemos entender que nada seríamos capaces sino hubiéramos tenido un maestro que nos enseñara a leer, a sumar, a pensar, a diferenciar, a razonar. No podemos seguir obviando la necesidad de reinvidicar la figura del maestro, a ellos nos debemos en gran parte, debemos respetar y agradecer su figura.


    
      


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