martes, 28 de enero de 2014

El interregno

Trabajar entre tanto abogado ha activado el vicio del recuerdo. He vuelto a tener veinte años, cuando la abogacía se asomaba en mi vida como una vocación clara y sencilla, mi paso por la facultad de derecho fue una cruzada interna para constituirme en alguno de los mosqueteros de la justicia argentina. Era joven, ilusa, esperanzada y pendenciera.
Había ingresado al claustro sagrado de la Facultad de Derecho, estaba convencida de mis capacidades y mi sueños. Era fuerte.
Pero siempre mi afición por las palabras estuvo presente, y de tanto en tanto me gastaba alguna broma.
Recuerdo los tiempos de estudio de Historia Argentina, el gran cuco del examen de ingreso, todos estaban francamente asustados, yo también, pero también estaba cansada y trabajaba.
Siempre me gustó conocer, la parte del estudio me resultaba un tanto agotadora y siempre encontraba alguna palabra que me hacía volar, esta introducción viene al cuento de una palabra simple: interregno.
El título del texto "El interregno de Guido", en alusión al gobierno de José María Guido. Recuerdo estar leyendo el texto y quedarme varada en la palabra, estaba francamente atrasada, pero estoy absolutamente imposibilitada a continuar leyendo un texto cuando desconozco un término.
Recuerdo que busque el término y me provocó una enorme risa, típico del estudiante sobrecargado, pensaba en dos reyes en un tablero de ajedrez próximos a acercarse y vencer. Un chiste tonto y fácil.

Heme aquí recordando la misma figura, dos reyes acercándose uno próximo a vencer al otro, ahora la figura es un poco más enroscada, producto de la simplicidad de mis pensamientos. Cada rey asemeja la misma persona, mi persona, la diferencia entre cada uno son diez años de edad.

Estoy próxima a cumplir treinta años, una década se cae encima mío, como un piedrazo fuerte, sin asco, con dolor. Nunca he tenido problemas con la edad, pero hoy pienso en esos diez años y creo que han sido justamente un interregno. No hay otro término, es justamente ese, un extenso tiempo de espera.
La enorme y radical diferencia está marcada por varios elementos, sucesivos, que van haciendo de mi vida un constituirme diario, en definirme día a día, en ser fiel, a mi misma, a mi fe, a mi gente, a no dejarme vencer por el odio.

Las personas que no logramos ser lo que quisimos, que vimos pasar los años uno tras otro sin alcanzar las metas soñadas, que vemos a nuestros amigos afianzar sus vidas y sus metas y nosotros a regañadientes conseguimos un buen trabajo, nos sumergimos de vez en cuando en lapsus donde no sabemos quién nos reina. Son días donde el cinismo cobra vigor y uno reparte humor negro para todos lados. No es fácil ser un pendeviejo, no es sencillo estar solo, ser cínico, fumador y solitario. Pero tener la claridad de criterio para dilucidarlo y reírse de ello es una bendición.

Así que otra vez lo digo, heme aquì, buscandome, tratando de seguir, tratando de luchar contra mis reyes.