domingo, 3 de agosto de 2014

Yo soy sola


“Un relato en primera persona  del camino de la soltería al autodescubrimiento personal “. Mirá que linda forma de empezar, seguro con esto caemos en la trampa de varios libros de autoayuda que de base poseen un supuesto netamente falaz: los solteros somos personas infelices y que no poseemos un conocimiento acabado de nuestra persona, carácter, personalidad, intereses y miserias. Seres incompletos, carentes de amor,
que por desgracias del destino no han tenido la suerte de ser agraciados y poseedores del encanto necesario para el amor perfecto. 

La cosa, queridos, es que hay relaciones que destrozan sencillamente porque uno se deja ,obviamente no por afán de ser dañado o por boludo consuetudinario, sino porque simplemente uno no se da cuenta. Pero eso no implica que uno no sepa quién es, sino que conlleva el dolor de la imprudencia, de los sueños perdidos, del tiempo malgastado, del cinismo recobrado. Entonces los días se ponen oscuros, y uno no se lamenta por la relación perdida, sino que agradece haberla terminada. El lamento, en mi caso, va por otro lado, por esa soledad que se siente fuerte, que recuerda los sueños que no se dieron, que extraña ser querido, que extraña desde un recuerdo mentiroso. Que se culpa y que se muerde los labios, porque no está bueno ser débil. Es la oscuridad de saberse solo, el miedo a asumirlo, el deseo inefable de recuperar esa inocente alegría, el miedo a volver a amar y la certeza hiriente de que hay cosas que nunca serán iguales. 

Obviamente, muchachos, que no es lo mismo deprimirse en una sociedad pudiente,  con los lujos del capitalismo presente en un bien remunerado sueldo, que permita a la persona darse el lujo de deprimirse y alquilarse una cabañita londinense donde llorar a gusto y piaccere  como en la película dañina "El descanso" o hacer un viaje austral y metafísico como en "Comer, rezar, amar". No queridos, deprimirse en Latinoamérica, para la clase media, con un sueldo medio, sin casa y auto, no implica encantadores noches arremolinadas en el precioso depto privado neoyorquino, a puro llanto, vino y helado, donde el moco y el llanto las hace no sólo encantadoras sino atractivas. La cosa es un poquito más compleja, cuando uno se ha topado de lleno en la cara con una sarta de pelotudos y entonces es un poco complejo alejarse del cinismo.  Lo jodido de una separación no es el hecho en sí, sino los daños colaterales, y cuando son golpes cruentos se intensifica con el rumor y el murmullo que acompañan.  Tener que contar cuarenta veces la misma historia y comerte los “pero como no te diste cuenta antes”, “se notaba que èl no era para vos “,  “siempre creí que era una mentiroso”·  Sobre todo cuando eso era en los días recientes y uno lidiaba con los detalles "graciosos" y quería contestar de todo corazón : Claramente no me di cuenta antes, boludo, sino no estaría ahora en esta tienda cambiando el vestido de novia,  para no perder dos lucas,  aguantarme la mirada piadosa y compasiva de las vendedoras conchudas que encima me informan que no tienen talle en vestidos de fiesta. Detalles que ahora en la distancia me parecen incluso divertidos.

En estos parajes una tristeza media, cuando ya tenés treinta y menos intimidad que tu perro cuando hace sus necesidades,   implica ponerse a llorar en la ducha, con el agua bien abierta haciendose ocho para comerse los hipos de una angustia marcada.Porque implica asumir que uno no logró cumplir algunos sueños, que el tiempo pasa, que uno quería amar, amar bien, sin muchas expectativas, sólo descubriendo. Implica asumir que el sueño de la maternidad es cada vez más lejano, que los niños enternecen hasta el dolor.

Las crisis existenciales, necesitan, y ojo con el verbo porque justamente es una necesidad, necesitan poder vivirse con buen gusto, sutileza, decencia y silencio.  Sí de algo doy gracias es de que mis amigos supieron llevarme por ese buen camino. Pero incluso el día a día, en ocasiones es agotador, asumir que a los 30, en esta próspera realidad económica uno no ha podido independizarse duele y mucho.  Ojo , la realidad no es objetivamente  mala, la relación con mis padres es excelente, pero eso no deja de implicar que sigo siendo una sanguijuela dependiente incapaz de despegar, porque la independencia es interesante, pero económicamente hablando te deja en cero. Y claro, a esta edad uno también debe empezar a proyectar algunas seguridades pensar en  la casa, el auto, porque sino lo pienso yo no  lo piensa nadie.Y debo hacerlo sola. Hay cosas que uno puede manejar, hay respuestas básicas ciertas: con el sobrepeso se hace dieta, igual que con  el pucho que se lo deja, pero créanme que cuando uno está triste no tiene ganas de algunas respuestas, porque necesita otras más hondas¿Qué se hace con la tristeza? ¿Qué se hace con el dolor de la soledad? ¿Cómo hago para cambiar esto que duele? 

Agregale a eso que cuando caminas por la calle no falta el que te trata de señora o que te sonríe encantadoramente al verte al lado de un gurrumín de cuatro años, porque da por descontado que es hijo tuyo. Irónica idea cuando lo más cercano que uno tiene de un hijo es un perro.

Ayer un buen amigo me preguntaba, con buen tino e intención, qué podía yo cambiar, y tal vez  en un par de cosas puedo hacer el esfuerzo de. El cinismo existencial se alimenta, al igual que el optimismo. Puedo tener una vida saludable, buscar vivir con más alegría. Pero hay cosas que no puedo, no puedo inventarme un amor, no puedo borrar algunas heridas, no puedo evitar algunas penas. Algunos días no puedo, simplemente no puedo. No puedo evitar la rabia, y perdón amigos, pero algunos días no puedo evitar sentir pena.

 Pero déjenme decirle algo, hay días donde está bueno toparse con las propias miserias y verdades. Es más útil saberse hundido que esperanzado inerte. Hoy estoy hundida en la bosta, querría creer en alguna historieta romántica y esperar que alguien me quiera, pero tampoco quiero cariño lastimero. Me canse de querer proyectos, quiero soñar un rato que la vida me sorprenda en serio. 


jueves, 29 de mayo de 2014

Un bello poeta



          Hace mucho no escribo, hace mucho ando aletargada, resistiendo los embates uno a uno, riendo y volviendo a hacerlo una y otra vez. Hace algún tiempo hablaba con un amigo y le explicaba que me sentía inconmovible, seca, dura, convertida en un ser extraño y distante. No hubo una intención declarada de hacer de ese camino una opción, simplemente fui poco a poco haciendo lo que podía, apretando los dientes en una sonrisa para continuar, para no dejar de caminar, para no dejar de ser y sentir.
          El día a día no es sencillo, pero uno se acostumbra a una rutina, a una seguridad en cada paso, en cada esquema repetitivo, en cada gesto y en cada lugar. No me sentía plena pero si segura, satisfecha, conforme y con una angustia creciente en el pecho cuando pensaba en esos temas que pronto disipaba. Mi lugar tranquilo de siempre me hacía imposible hablar. Nadie me lo impuso pero decidí resistir como una niña buena los dolores que me tocaron.
        Hace unos días atrás, casi por casualidad me topé con un poeta del cual no tenía ni siquiera el nombre en mi mente. Lo vi en una charla TED, me conmovió profundamente, me maravillo su poesía, su valentía, su sonrisa, sus manos y su tremendo coraje de desnudar su alma por el amor a los demás. Soy profesora, acostumbro indagar todo lo posible sobre aquello que me maravilla, y de a poco fue adentradome en su obra.
        Un poema, un sólo y bello poema me desnudo por completo de mis máscaras, de mis aciertos.
        Lloré, casi sin querer comencé a dejarme conmover, porque ya no podía controlarlo, porque había un pedido sincero "Se honesto". Lloré por lo que puedo ser, por lo que fue, por lo que quise, por lo que odie, por lo que añoro, por lo que imploro. Lloré porque mi vida está rota, y porque de tanto recomponer pedacitos sueltos he logrado ser fuerte, lloré porque ha dolido, porque duele, porque es triste. Lloro porque mendigue cariño y soporté humillaciones, lloré por la mentira y por la verdad perdida. Lloré porque le hice frente, porque me escapé de un juego cruel y mezquino. Lloré porque soy libre y porque me costó serlo.
Lloré porque yo también cerré los puños con odio y dolor. Lloré porque tengo derecho a hacerlo.
        Por todas aquellas sonrisas que quisieron ser llanto,  por todas esas mañanas frías lloré. Lloré porque ya no duele, porque ahora puedo, porque soy libre, bella, buena. Porque se que valgo, aunque me costó verlo. Porque solté un dolor que estaba vacío.
        Cuando uno logra ver la belleza de un corazón queda prendido por siempre.  He quedado prendada de esa voz, esa cara, de la belleza de esos ojos que transmiten tanto amor como su palabra. Tuvo que ser un poeta, nadie más pudo quebrar la inercia. Como me gustaría poder agradecerte este llanto y este contento, como me gustaría brindar contigo. Gracias Shane.
     

   


viernes, 25 de abril de 2014

Queridas letras

Por estos días anda circulando por las redes una suerte de juego que evoca y rescata los libros nuestros, esos que de tanto quererlos y leerlos uno se adueña.Obviamente el juego me encantó, sucumbí y escudriñando la mente lectora de niña pude rescatar algunos títulos, de los cuales obviamente pude nombrar sólo un par.

Recordaba a mi viejo sentado leyendo cuentos clásicos, amaba esos volúmenes, con los dibujos preciosos que nos invitaban a vivir sumergidos allí un buen rato. Mi vieja siempre se encargó de buscarnos lo mejor para leer, recuerdo de niña haber leído "Mujercitas" y toda la bendita saga de L. M Alcott, "Papaito piernas largas"y su continuación "Mi querido enemigo", recuerdo todavía la dulce excitación de no querer terminar el libro y ansiar hacerlo, la nostalgia previa a la finalización. Historietas las que quisieramos. Recuerdo un librito que durante años he buscado, que leí con mucho amor, que me regalaron de niña, la historia de un ángel que contaba solo con una alita.

Vasconcelos me ganó el corazón su " Mi planta de naranja lima", libro que marcó una huella profunda en mi corazón, pude entender la ternura de un niño lastimado. Había quedado prendida de ese libro, y ya de adulta me compartieron su continuación "Vamos a calentar el sol", terminé de leerlo con suma ansiedad al retornar del trabajo allá por mis diecinueve años, no puedo olvidar el llanto  desconsolado que acompañó esa lectura.

En la biblioteca de casa todo era posible, así que muy de pequeña me enfrenta a la "Lolita" de Nabokov  y tengo la certeza de recordar una lectura que poco, poquísimo, comprendía pero sin embargo me inquietaba.
Junto a tantos libros que por ese tiempo leí recuerdo el profundo pesar que me provocó leer "Las locas de la plaza de mayo" y entender para siempre que el amor de una madre podía conmover y romper para siempre el relato oficial. Shakespeare me fascinaba, me hizo prenderme de por vida al teatro, y Casona era el regalo debido en la adolescencia.

El "Canto general" de Neruda era una joya que sólo de adulta pude comprender en toda su hermosura, junto con tantos otros grandes poetas. En la adolescencia leí a Kafka, creo ineludiblemente que de allí me viene el terrible miedo a las cucarachas y ese pensar en el hombre sumido en la vorágine de la sociedad posmoderna. Pero también llegó "El principito" para consolar un poco el alma herida. Wilde también fue precioso, todavía recuerdo el pequeño volúmen de una editorial chilena, el dibujo de la pequeña estatua, ahí comencé a pensar que el amor donado es el verdadero amor. Agatha Cristhie y sus relatos policiales me hicieron enamorarme para siempre y querer ser investigadora a mi corta edad.  Mark Twain y "La cabaña del tio Tom". Salgariiii, yo quería ser Sandokan. Chejov, algo leí por aqueños años

La secundaria no me regaló muchos libros, extrañamente mis viejos ya me los habían compartido, sólo recuerdo haber leído con mucho contento el clásico "El visitante" de Alma Maritano

Los italianos fueron muy fuertes en mi vida, mi viejo, lector viejo nos compartía todo, desde sus viejos "Astérix" que leí una y otra vez hasta el viejo volumen, añejo y polvoriento del "Corazón" de E. de Amicis, impresionante libro para comprender justamente el corazón humano y el dolor de la guerra. Mi vieja también nos regaló a García Márquez, lo leí mucho, pero recuerdo con muchísimo cariño haber leído sus "Doce cuentos peregrinos" y haber quedado extasiada.

Ya de adulta haber tenido a dos genias profesoras al frente de la cátedra de Literatura Hispanoamericana fue un verdadero placer, releerlo al Gabo de adulta en sus "Cien años de soledad" fue glorioso.  Cada día de cursado era una aventura, recuerdo estar sentada en la plaza terminando de leer Primavera con una esquina rota,  desbordada en llanto. El profesorado fue bestial, fue asomar la vida a un universo insondable, se abrieron ante mis ojos los grandes, pero no sólo su lectura sino la posibilidad de comprenderlos,  aprender a analizar y gozarlos aún más : Borges, el inmenso, el insondable, el poeta; Córtazar, el tremendo buscador, Machado y  Hernández a quienes conocía de pequeña gracias a mi mamá, Lorca, el bellísimo Lorca  del Romancero, el bestial Pirandello, la genialidad absoluta de los poetas ingleses, de los poetas malditos... Wilde, mi amado Wilde, el gran dandy traidor de su época. El nombre de la rosa, de Eco, impresionante relato, magistral descripción. Poe, el poeta, Miller. Capote con su descarnado relato en "A sangre fría". Dante, cómo describirlo, magistral.

Nuestra tierra y sus letras, tantos tantos recuerdos, la gran patria de Benedetti, la agilidad de Allende, esa mujer herida, los nuestros queridos, desde Discépolo hasta Di Benedetto, la terrible habilidad de Braceli para entrevistar. Sábato, el maestro, y su bendito arte de resistir. Nuestros poetas, los verdaderamente nuestros, Girondo, Orozco, Gelman, Pizarnik, Borges, Cortazar y tantísimos más.  María Rosa Lojo, Graciela Bialet, Andahazi, Cristina Bajo y la lista sigue.

Como olvidar a Galeano, y su impresionante "Las venas abiertas de América Latina" y el terrible y doloroso "Nunca más que he leído"  fragmentariamente.

No hay universo más lindo, más vasto o más propio que el de un lector. Esta es una pequeña lista, podría seguir y seguir. Que bello y mágico mundo, que alegría enorme poder compartirlo.

Hace unos días terminé de leer "La caverna" de Saramago, me lo regalaron, me lo compartieron, no hay nada más bello que regalar un libro amado.



viernes, 18 de abril de 2014

Tal vez hoy me escribe

Si yo tuviera el corazón, 
el corazón que di; 
si yo pudiera, como ayer, 
querer sin presentir... 

E. S. Discépolo

¡Otra vez se me pasa el micro de mierda! No puede ser, no hay forma de tener un horario que me sirva, no tengo problema con esperar, el problema es que nunca sé cuándo llega el muy hijo de puta. El micro tiene ese sumergirte en la nada camino a un lugar fijo, lo único que se debe esperar es llegar, a algún lugar, pero en ese momento lo único ... ¡Mierda! Otra vez casi se me pasa, discúlpeme señor, sí, hasta el centro voy, gracias. Que pelotuda soy, dele enroscarme y estaba puteando porque se me había pasado el incorrecto.  Dale gordo, sentate ahí que hay lugar para los dos. Bueno pero me quejo con razón che, que temita ese, yo la que nunca se queja, tal vez los chicos tienen razón y algo dramática soy, ahora lo que me rompe es que me lo plantean como si fuera una cuestión electiva, claro,  como si me levantara todos los días pensando en cuál es el tema del día para la angustia debida. No, pero no hay que ser muy vivo para amargarse en este país. Si, todos los países tienen lo suyo, no vamos a discutir de política vos y yo, nunca acordaríamos y no tengo ánimo de pelearme hoy. Bueno pero si lo personalizamos después de todo estoy por cumplir años otra vez y lo único que he conseguido es un sueldito más o menos digno, algo de estabilidad laboral, que se yo, pero ¿qué más? Ya se que parezco una inconformista del orto, tampoco es para tanto, no es que me queje de todo, fui haciendo lo que pude... Bueno bueno, pero para boludo, escuchame un poco, si lo que estoy tratando de explicarte es eso, no es que mi vida sea una mierda, lejos está, sólo que está chata, bien hundida en un letargo de esos sin opción dónde todos los días son iguales al anterior, donde la emoción se ha perdido. Che, pero ¡qué pesado sos!, no me dejás hablar nunca, ya lo sé, chocolate por la noticia, una pareja no es la felicidad, ya lo sé, pero lo que yo extraño es otra cosa, es ese sueño de vida compartida, de momentos, de opciones, el soñar con un pibe, el poder compartir hasta el hartazgo esas charlas pseudo-intelectuales, ese dolor común que te da cuando alguien  te toca la puerta y te pide algo para comer. Y si boludo, obvio que me pone mal, ¿cómo no me va a poner mal que alguien ande por la calle pidiendo algo para comer? El pibe tenía hambre y andaba por las calles buscando saciarse. Bueno¿sabés qué?, yo que soy la dramática te puedo decir que eso me pasa, tengo hambre de amor, se me está pasando la vida y me estoy secando de a poco, el cinismo me carcome ,boludo y¿sabés qué?Ya sé cómo te lo puedo decir, es como si sintiera que me estoy desperdiciando.

¡Ya sé que no soy una mina fácil! pero también decime ¿quién carajo es fácil? Nadie en esta vida es fácil. Las personas no somos fáciles o simples, somos y listo, yo soy como cualquier otra mina, no tengo más distinción que haber leído de piba más que otras  Mujercitas y mirado la Bella y la Bestia, esas películas si que hacen daño, por el resto denominador común.

No sé, ojalá, me escriba, el pibe es lindo, tiene la mirada limpia, o por lo menos eso me parece. Que se yo, boludo, yo ya no se, parece buen pibe, jaja ¿que querés, que todos sean culpables en principio? No,boludo, no me da, tampoco todos deben ser psicópatas. No, no, no sé si hay onda, que sé yo, para mí no.  Pero viste que yo para seducir tengo las mismas cualidades que para hacer acrobacías, nada.No sé, tal vez hoy me escribe. Es extraño, igual da lo mismo si escribe o no, al fin de cuentas está cantado que no fue un flechazo, creo que eso sólo me pasaba hace diez años atrás y cinco cervezas más.

Me gusta la lluvia cuando voy en el micro,  si es incómodo , pero siempre me acuerdo de Córtazar y la gota de lluvia, su voz me envuelve y me saca una sonrisa. Estamos condenados a la nostalgia cuando llueve en Mendoza, es interesante como todo reverdece bajo la lluvia, todo se lava, todo se limpia, y quedan nuestras miserias con todo su esplendor gritándonos en la cara. ¡Bueno gordo, ya se! Pero qué querés, yo no estoy pensando que puedo pensar, sólo pienso, lo único que me falta es ponerme un chip para determinar que puedo pensar y que no, no boludo, la cosa es así y simple.  Bueno, si ya me has dicho que a la mayoría de los pibes les interesa una chica que se deslumbre  con su grandioso ser y nosotras debemos entonces jugarla a ser las tontitas, pero ya a esta altura jugarla a la pelotuda, no me sale, por lo menos no conscientemente. ¿Sabés cuál es la cagada en serio? Bueno, no me rompás, dejame generalizar un rato, ya se que no son todos unos pelotudos y que hay linda gente por ahí, vos y mis otros amigos son la muestra de que hay hombres buenos, la cagada es que yo no me topo a ninguno, me ha tocado nada más una caterva de burros y como buena pelotuda me les quedé un buen rato.

Si, para que te voy mentir, si duele, y la verdad hay días que son más tristes que otros, no es fácil... es volver a acomodarse en todo, volver a empezar y este aceptarse a esta edad, con esta cara, esta historia y este existencialismo mezclado con catolicismo que me carcome el cerebro, y tantas otras cosas. El problema es ese, no soy simple, no soy fácil, si ya se que te dije otra cosa recién ¡pero no me rompás tanto las pelotas, un poco de incoherencia discursiva la tiene todo el mundo! No soy fácil, nada fácil, soy sensible hasta los huesos, pero no lo digo, tampoco voy a andar contándole a todo el mundo mis amarguras y mis contentos, son cosas de uno, pero si te puedo decir que la vida no se me pasa por las cosas que a la mayoría le importan. No sé, todos me joden con que me ponga linda, me compre ropa, nunca me importo mucho el tema, me dan por ahí los momentos,¿sabés que me compraría yo ahora si pudiera? Me compraría un beso boludo, sabés la falta que me hace, pero claro, eso si no lo puedo conseguir así como así. Así que me compro un libro o salgo a tomar algo.

Ahh, en fin, ya está, para que vamos a seguir hablando, ya estamos por llegar y si se me llega a correr una puta lágrima se me va a notar, porque encima de toda esta mierda me ando sensibilizando cual embarazada en el segundo trimestre, y , claramente, no estoy en ese estado, nada más lejano que un embarazo, con lo que a mi me gustan los niños. Eso si me duele, yo siempre pensé que iba a ser mamá joven. Bueno boludo, pero se me está pasando el tren, no jodas, que prefiero ser pelotuda a secas que pelotuda esperanzada. Bueno boludo dale, si, yo me bajo en la que viene. Te dejo un besote, cariños a tu vieja. Si dale, te aviso cualquier cosa. Si, lo que te dije, tal vez hoy me escribe.

sábado, 8 de marzo de 2014

Gratitud docente

        Soy una empecinada pesimista crónica, ojo no por opción ideológica, sino por una simple constitución de mi identidad, lucho todos los días para correr la mirada de la crítica y tratar de ver lo positivo, sin embargo el vicio dialéctico de la crítica y de la observación no es fácil de dejar.

       Por lo tanto,  muy a menudo me encuentro soñando y pensando infinidad de realidades, no siempre todo sucede tal cual uno proyectó, hay varios sueños anhelados que se fueron corriendo, otros que agradezco haber abandonado, y muchos otros que se fueron concretando con el transcurrir del tiempo.

       Hace algunos años atrás el pensarme recibida era casi impensado, costó mucho terminar la carrera pero lo logré, la satisfacción de haberme formado y enamorado de las letras y de la docencia es inigualable. Agradezco y extraño el tiempo de la formación, recuerdo con muchísimo afecto muchas cátedras, algunas profesoras, el misticismo de las letras. Grandes tiempos, base de lo que soy y de lo que busco, de lo que sueño y de lo que anhelo.

        El tiempo actual, en términos educativos, es complejo, duro, triste, sin embargo es nuestro. Llevo a cada uno de mis alumnos guardados en el corazón, saber que toque sus vidas y ellos la mía es hermoso, saber que me hicieron reír, que logramos pensar juntos, recordar sus ojitos emocionados al terminar mi ciclo con ellos y sus rostros, saber que me revelaron sus sueños, sus miedos, sus odios, sus anhelos. No todo siempre fue color de rosas, tuve pibes bravos, que lo eran porque no podían ser otra cosa. Doy gracias por ser docente, por haber tenido el privilegio de estudiar, por haber tenido el regalo de tantos docentes y de tantas letras. Mi docencia es accidental, sin embargo admiro con sinceridad a quienes hacen de este caminar un día a día amante y luchador.

        Tal vez no viva de esta profesión, comparta mis tiempos con otros trabajos, pero la forma de ser y de vivir ha cambiado, el mundo se ha abierto, me regalaron la libertad para pensar y construir, para comprender y ver con color y dolor.
      
        En estos tiempos donde la docencia es menospreciada y abandonada, donde se exhibe a los docentes como el estandarte del que reclama sin derecho, doy gracias por tan noble tarea, y agradezco profundamente a todos aquellos que se dan en las aulas, comprometidos con la tarea educativa. La docencia es una vocación artesanal, el enseñar es un arte, un arte amante.
       
         Muchos luchadores quedaron impresos en la historia como símbolo de su tiempo, los docentes quedan impresos en muchos corazones, porque siempre hay docentes que nos marcan, nos enseñan. Aunque algunos vayan por la vida con otra profesión, la vocación late.

          Cuidemos a los maestros, ellos nos enseñaron a pensar, a ver, a oír, a soñar, a reír, a callar y a tantas otras cosas. Seamos personas gratas. El reconocimiento debido no es sólo el salarial, debemos reconocer que hemos descuidado a aquellos que educan y lo hacen desde el anonimato del aula buscando simplemente abrir el mundo para los chicos.  Este desprestigio lleva años de constituido, hace rato que perdimos el respeto por los docentes, ya vendría siendo hora de cambiar la mirada. Debemos entender que nada seríamos capaces sino hubiéramos tenido un maestro que nos enseñara a leer, a sumar, a pensar, a diferenciar, a razonar. No podemos seguir obviando la necesidad de reinvidicar la figura del maestro, a ellos nos debemos en gran parte, debemos respetar y agradecer su figura.


    
      


martes, 28 de enero de 2014

El interregno

Trabajar entre tanto abogado ha activado el vicio del recuerdo. He vuelto a tener veinte años, cuando la abogacía se asomaba en mi vida como una vocación clara y sencilla, mi paso por la facultad de derecho fue una cruzada interna para constituirme en alguno de los mosqueteros de la justicia argentina. Era joven, ilusa, esperanzada y pendenciera.
Había ingresado al claustro sagrado de la Facultad de Derecho, estaba convencida de mis capacidades y mi sueños. Era fuerte.
Pero siempre mi afición por las palabras estuvo presente, y de tanto en tanto me gastaba alguna broma.
Recuerdo los tiempos de estudio de Historia Argentina, el gran cuco del examen de ingreso, todos estaban francamente asustados, yo también, pero también estaba cansada y trabajaba.
Siempre me gustó conocer, la parte del estudio me resultaba un tanto agotadora y siempre encontraba alguna palabra que me hacía volar, esta introducción viene al cuento de una palabra simple: interregno.
El título del texto "El interregno de Guido", en alusión al gobierno de José María Guido. Recuerdo estar leyendo el texto y quedarme varada en la palabra, estaba francamente atrasada, pero estoy absolutamente imposibilitada a continuar leyendo un texto cuando desconozco un término.
Recuerdo que busque el término y me provocó una enorme risa, típico del estudiante sobrecargado, pensaba en dos reyes en un tablero de ajedrez próximos a acercarse y vencer. Un chiste tonto y fácil.

Heme aquí recordando la misma figura, dos reyes acercándose uno próximo a vencer al otro, ahora la figura es un poco más enroscada, producto de la simplicidad de mis pensamientos. Cada rey asemeja la misma persona, mi persona, la diferencia entre cada uno son diez años de edad.

Estoy próxima a cumplir treinta años, una década se cae encima mío, como un piedrazo fuerte, sin asco, con dolor. Nunca he tenido problemas con la edad, pero hoy pienso en esos diez años y creo que han sido justamente un interregno. No hay otro término, es justamente ese, un extenso tiempo de espera.
La enorme y radical diferencia está marcada por varios elementos, sucesivos, que van haciendo de mi vida un constituirme diario, en definirme día a día, en ser fiel, a mi misma, a mi fe, a mi gente, a no dejarme vencer por el odio.

Las personas que no logramos ser lo que quisimos, que vimos pasar los años uno tras otro sin alcanzar las metas soñadas, que vemos a nuestros amigos afianzar sus vidas y sus metas y nosotros a regañadientes conseguimos un buen trabajo, nos sumergimos de vez en cuando en lapsus donde no sabemos quién nos reina. Son días donde el cinismo cobra vigor y uno reparte humor negro para todos lados. No es fácil ser un pendeviejo, no es sencillo estar solo, ser cínico, fumador y solitario. Pero tener la claridad de criterio para dilucidarlo y reírse de ello es una bendición.

Así que otra vez lo digo, heme aquì, buscandome, tratando de seguir, tratando de luchar contra mis reyes.