miércoles, 14 de marzo de 2012

"Yo lo veo apretando su corazón pequeño,
mirándonos a todos con sus ojos de fábula,
viene, sube hacia el hombre acumulando cosas,
un relámpago trunco le cruza la mirada,
porque nadie protege esa vida que crece
y el amor se ha perdido
como un niño en la calle... "
de Armando Tejada Gómez

Cómo duelen los niños, cómo duele su hastío, su cansancio viejo, su soledad, su vacío.
Duelen hasta sentir que la carne muerde, que la violencia agita el estómago y que un asco rancio sube por la garganta. Qué jodido es sentir las manos vacías ante algunos dolores.

jueves, 1 de marzo de 2012

La prudencia es mi lucha

La prudencia es mi lucha, le decía hace unos minutos a una amiga. La razón:  una recurrente charla sobre límites, accionares, gritos, silencios, juicios, carencias y una larga lista de etcéteras. Muchas realidades políticas suscitan en las redes reacciones desmedidas, decires inexactos y profundas incoherencias. Me incluyo en esto, pero aún así  me permito cuestionarme.


La partida es doble, estamos en un momento histórico donde vale todo,  absolutamente todo y la carencia de límites nunca es beneficiosa. Al mismo tiempo tenemos la dicotomía hiriente atravesando nuestra identidad, no sólo nacional, sino la más íntima: la humana. 


¿Cómo vamos a avanzar como pueblo si no respetamos los preceptos más mínimos de la democracia? ¿Cómo pedimos respeto si no lo damos? ¿Cómo pedimos ser un pueblo respetado si desconfiamos de todas las instituciones democráticas? Ésta no es una discusión partidaria, no soy oficialista, es más, desconfío y descreo bastante de muchas políticas, pero ya se acabó el tiempo de la chiquilinadas. Ya no podemos seguir demonizando y jugando al gato y al ratón. Ya murieron varios ratones y los gatos siguen el mismo camino de siempre. ¿Vamos a seguir reinventándolos?


   Yo desconfió, sí, y bastante. ¿Pero que le enseñamos a nuestros hijos si injuriamos y envilecemos toda la estructura democrática? ¿No nos podemos dar el bendito lujo de debatir, disentir, argumentar, discutir, hablar, contraargumentar, desafiar, desmentir e incluso luchar con altura  y civilidad?


La peor herida de un pueblo no es la ignorancia, sino el desinterés y la obstinación ante la misma. 


No soy una persona optimista a ultranza, pero BASTA. No podemos seguir gritando sin parar, sin mediar, sin buscar consensuar, sin buscar una mínima ruta, sin tender un puente diría un viejo amigo.La estructura institucional está corrompida , muy repleta de matufias, de necedades y de maldades. Pero no podemos menguar esfuerzos, no podemos dejar que nos venza el hastío. Sonará utópico pero no dejemos que nos maten la esperanza, porque entonces se nos desgrana la libertad.


Hay un pueblo que sufre y debemos hacer algo. La justicia social no puede ser un postulado de café de charla pseudointelectual, debe ser un emblema de vida. Igualdad, libertad y fraternidad, viejos postulados, que costaron innumerables vidas. ¿Querés y creés que las nuestras lo valgan? Hagamos algo.


La pobreza estructural necesita medidas estructurales, sanas, dispuestas a mediar. No podemos crecer en el odio acérrimo, no podemos construir en la vorágine, en el odio de turno. No podemos desconocer lo bueno, aunque sea mínimo. Podemos dudar, podemos protestar, podemos luchar, pero no podemos destruir. Seamos conscientes de que todo acto de habla implica una responsabilidad. 


Discuto con varias personas, la mayoría del ámbito universitario, y es lamentable el poco juicio crítico, la poca entereza e incluso la cobardía para pensar . Dejemos de comprar discursos y seamos capaces de esbozar pensamientos propios.  Urge que pensemos, y no olvidemos algo:lo debemos.


Seamos responsables y busquemos hacer una mínima diferencia. Ya estamos grandes, no podemos cambiar el mundo, pero tal vez podamos cambiar el mínimo entorno, legar algo, educarnos y educar, ser responsables por construir y no por destruir, acostumbrarnos a amar aún en el dolor y no a seguir odiando.


Me permito citarme con algo que escribí hace unos meses...

Cuánto hastío cae en la ciudad.
Cuánto cansancio se derrama en mis recuerdos, en tus palabras, en mi presente.
Cuánta miseria va vestida de buena presencia.
Cuántos ladrones caminan.
Cuántos honestos callan.
Cuánta esperanza pisoteada.
Cuánta maldad al descubierto.
Cuántas madres siguen gritando en otras vidas.
Cuánta maldad se seguirá derramando.
Cuánto cansancio se sigue cansando.
Cuánto hastío.
Cuánta desesperanza.
Cuánta vejez disfrazada de comprensión.
Cuánta violencia disfrazada de crítica.
No me alcanzan las soledades en el hastío.
Acaben de una buena vez, que tanta tristeza no me entra en las letras