miércoles, 21 de septiembre de 2011

Hallazgo estudiantil

Estoy preparando un final para rendir, y durante el el extenuante y largo proceso de rendir las últimas materias  decidí enfrentar las carpetas, los apuntes y animarme. En mi carpeta de Didáctica de la Literatura hallé un escrito que realicé para cumplir un trabajo de proceso. 
Me he reído releyendo, ojalá ustedes también lo hagan.


           Sentada en la cama, con sus pelos sobre la cara y el rostro convulsionado por el llanto, Alicia lloraba a lágrima vivía el desconsuelo de la propia noticia.Ricardo, de pie, la miraba y sonreía mientras le decía dulcemente:
- Gordita, no te preocupés, acordate de lo que hablamos de los nombres.
           Alicia lo miró con el odio pintado en la cara y sin perder el tiempo le gritó, estampándole cada letra en la cara.
- ¡¡Yo no nací para ser madre!!
           Los sollozos se le agolpaban en las manos mientras Ricardo de tragaba la risa ante el desengaño infantil que le provocaban las furias de su novia.   
           Tal cual pasan los días se suceden las emociones, y así fue como en enero de 1965, luego de tres años de matrimionio, Alicia conoció el rostro rosado de su primer hijo: Gabriel. El llano inicial, lógicamente, tiene una razón, estaba comenzando entonces sus estudios "clandestinos" de declamación. No había tenido otra opción, si bien al casarse con Ricardo había adquirido las gracias de la independencias, el peso y la prosapia de su  apellido no permitían ciertas inclinaciones. Hay que recordarlo,ella era la hija de Don Alejandro, un viejo comerciante de la Galicia para el cual el mayor bien que podía adquirir su hija era un buen esposo.
          Sigamos, no vale la pena detener el cuento, el dicho dice que los hijos vienen con un pan bajo el brazo, y Gabriel con su encanto principesco de primogénito y para deleite de sus padres, cumplió dicha sentencia. A los dos meses de su nacimiento, Alicia se encontraba trabajando para una casa de "buena familia" enseñando a las niñas casaderas el primor candoroso de la declamación. Alicia disfrutaba ampliamente su trabajo, luego de varios años de esfuerzo veía frutos y se podía dar el lujo de "perder" el tiempo leyendo innumerables poesías que le llenaban el pecho de sentido y los bolsillos de un dinero no tan poético.
        Así como florecía su vida profesional, su matrimonio  era un caminar amoroso. Con Ricardo habían logrado  construir una familia digna de las novelas de L. M. Alcott. Claro está que él tenía el encanto de la mocedad y el ímpetu de ser un hombre de familia, porque la cierta verdad es que al igual que su suegro veía innecesaria la profesión de su mujer. Pero como hasta el momento no había inconvenientes todo iba desarrollándose con la tierna cocción de un  dulce de damasco.
      Tanto pidió Gabriel un hermanito que sus padres se esforzaron y cumplieron el capricho fraterno. En junio de 1972 nació el tan deseado Lucas. Obviamente que cuando Gabriel advirtió los peligros de la sucesión del cariño materno la novedad pasó a ser un estorbo y el cariño comenzó a albergar un cierto fastidio indiferente. Pero lo pequeñito siempre termina ganando y la ternura de Lucas siempre conseguí destronar los celos del primogénito.
     El problema real no eran los hermanos, sino los jóvenes padres que comenzaron a ver como el dinero se escurría desde el banco hacía otro vecino del mismo rubro.
     Alicia decidió abandonar sus amadas clases y comenzar a desempeñarse como moza en un café, que  influido por atisbos de modernidad jugaba a competir con aquellos cafés de películas norteamericanas. No podía concebir como había concluida su vida en un intento frustrado de moza  envuelta en rosado uniforme. Entonces su sonrisa de trocó en mueca, su cariño en fastidio y su alegría en recuerdo. Ricardo no ayudaba, y no hacía más que concatenar una larga salmodia de reclamos. 
     Aires de cambio comenzaron a soplar en el café de la calle 9 de julio, aires del interior en un bar porteño, aires e comenzaron a inquietar a la rosada Alicia. Al mes de atener semanalmente al cliente que proveía del aire,  estaba indefectiblemente enamorada de otro Ricardo. Pasó otro mes y la duda tuvo sentido, no había otra salida, tenía que pedirle a Ricardo I el divorcio. Su gran problema siempre fue el impulso, ante la gravedad de los hechos Ricardo I no tuvo otra salida que darle una solución legal al bochorno. El real desvergonzado, el destructor de familias se evaporó. En tres meses, Alicia se encontró sola, con dos hijos y un sólo sueldo. Era demasiada carga para una pobre mujer que todavía soñaba con sus versos. Pero el tiempo no siempre es tirano y se encanta de jóvenes apasionados. El que siempre es pícaro es el encanto del amor, que se encegueció por mostrarle a Alicia que el nombre no encerraba ningún maleficio. 
    Ocurrió de día, en una tarde de calor húmedo, que dibujaba surcos de sudor en el rostro de Alicia, mientras llevaba a sus dos niños, ya no pequeños al circo. La playa circense no tenía más encanto que el de una granja, pero el trapecista le pintó los ojos de esperanza. Lo verdaderamente interesante es que nuestro Ricardo III se perdió entrañablemente en la figura de Alicia. tanto fue el embeleso que el salto fue tardío y la caída un sólo estrépito. Ella había advertido, turbada, la mirada, por lo cual no pudo menos que interesarse por este nuevo Ricardo. Tanta fue la atención prodigada que el amor no tardó en salir a flote y luego de algunos meses el casamiento era más un deseo que una solución.
     Alicia pasó a ser el centro de la vida de Ricardo II, el circo ganó una nueva atracción y los hijos un nuevo padre. Hubo un cierto conflicto de identidades padre- hijo, pero prontamente los niños aprendieron el oficio circense.  Recuperaron la risa y alegría de una madre que desplegaba alas de libertad gracias al oficio de poetisa y al descubrimiento de un amor recurrente ubicado luego de un largo recorrido dinástico.
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2 comentarios:

  1. Qué viva!!! Si no decís cual era la consigna es difícil decir a qué iba el cuento... o mejor dicho: a cuento de qué va este texto jeje... espero respuesta!
    Estoy rezando!!!

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  2. La idea de la didáctica es hacer lo que uno va a pedir, así la consigna era la siguiente: de acuerdo a los datos consignados en una línea temporal(casamiento- nacimiento hijo- divorcio- casamiento- hijo etc) escribir un cuento

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