miércoles, 2 de marzo de 2011

El horror no tiene número

Es la última oración de una película que acabo de ver. Cine argentino, el propio, el de casa, el que se siente adentro porque tiene nuestra lengua y nuestra tierra, es el cine al que incluso podemos incluirle olores. Eva y Lola, película argentina recomendada. Ojo, recomendada para los que se animan a mirar un ratito para atrás, y dejan de lado los discursos ya gastados. 40 años en la historia no son nada, hay heridas que todavía necesitan decirse, hay heridas que todavía necesitan curarse y para ello deben mostrarse.
No debemos vivir recordando pero tampoco olvidando. Debemos ser prudentes, pero para eso no debemos olvidar conmovernos.
Nadie contó las sonrisas y menos aún las lágrimas. ¿Por qué empezaríamos ahora?



¿Acaso no recuerdan lo que todos hacíamos de niños? Corríamos a exhibir nuestras lastimaduras, miedosos y cobardes ante el dolor, conscientes de que algún mayor iba a curarnos, a cantarnos "sana, sana, colita de rana, sino sana hoy...sanará mañana". Y ese mañana sabía no sólo a esperanza, sino a certeza. Un beso bastaba, una caricia no era promesa, era concreción.

Quisiera volver a ser niña que reclame ese abrazo, que puede pedir sin miedo a escuchar.
Quisiera olvidar por un rato de cuánta maldad es capaz el hombre.
Quisiera borrar tantas palabras, tantas historias, tantos recuerdos que tiñen y deforman.

Pero ¿quien podrá entonces cantar el camino de vuelta? Si nosotros nos callamos el ruido del odio va a bombardear... y hay mucha música en este mundo que debe y necesita ser escuchada. El amor no se calla, el amor invade aún con su silencio.

No podemos seguir malgastando, malviviendo, tan sólo respirando cuando podemos reír.
No podemos seguir obviando que hay un dolor que debe enseñarnos a reír.

Los números significan, eso ya todos lo podemos conocer. Pero hay números que van un poco más allá, el infinito es una macabra experiencia de lo ilimitado que puede ser el corazón humano. Hay números que no pueden significar. No obviemos el horror, porque él también puede ser un camino de esperanza, aprendamos a mirar, pero dejemos de olvidar.

Hay compañías que son curas, hay tiempos que son salvación, hay olores que pueden acunarnos.Y cortemos el discursito de cansancio, el mundo siempre está cansado de guerras y de dolor. Aprendamos a hablar, a amar, a perdonar, a besar.

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