lunes, 15 de noviembre de 2010

Mis queridos viejos

A vos, que me ayudas a mirar y recordar.

Siempre hay una edad en la que, irremediablemente, miramos hacia atrás para sumirnos en ese rompecabezas  de recuerdos, momentos, abrazos, olores que se engloba en la infancia. Todo parece ser un gigantesco collage donde las imágenes se suceden, se atoran y se encastran en ese rincón olvidado que ni siquiera podemos ubicar en nosotros mismos. Ese cajón cerrado y polvoriento que no queremos abrir, porque puede romperse y desparramarse.

Me había ocupado de guardar todos mis recuerdos prolijamente en cajones, cada uno con su rótulo real ( o el que creí real), cada persona con su cartelito y su lugar definido y quieto.

Pero a veces es cuestión de soltar un poco los sentidos, y volver a mirar. Ayer en un instante se me llenó la piel de infancia, de perfumes, de abrazos.

Ayer volví a ver a mis abuelos. Me olvidé de tantos años de rencores, de vacíos, de ausencias... Me olvidé de las peleas.

Volví a ver a mi abuelo, riendo, jugando, tirándose en la pileta, llevándome por la viña, jugando con su hermano hasta confundirnos. Volví a verte Lalo, con tus anteojos duros, tu boina de abuelo y tu mirada risueña. Volví a ser la nena que esperaba la revista Anteojito, las monedas de chocolate y que me vinieras  a buscar en tu auto que olía a vos y donde yo me sentaba como tu acompañante.
En la finca.
Volví a verte abuelo.

Y también a vos Laly, sentada en tu sillón, tejiendo pulóveres, mirando tele con nosotras... con tu sonrisa cansada de mujer triste. Con tus años gastados, con tu media sonrisa. Sentada con la perrita. Volví a verte en tu casa, con tu ropa siempre pulcra, peinada como una muñeca. Volví a verte, a tenerte un rato a mi lado, a ver tus risas cuando querías enseñarnos. 
Con mi abuela.
Volví a verlos, y volví a tenerlos a mi lado, como fue en aquellos tiempos, donde la felicidad era verlos y jugar, visitarlos. Volví a verlos y me olvidé de tantos años.

Hoy, en la distancia, puedo decir que fue verdad, que los disfruté, que los quise, que fueron míos, que me hacen falta.

Hoy puedo ver los ojos cansados de tu viejita y añorar los de los míos. Hoy quiero gritarle a todos, que no sean tontos, que no olviden a los abuelos, que lo disfruten que aprendan, que vivan, que los cuiden.

Hoy, pese a todo y a pesar de todo, quiero compartirlos...