martes, 5 de octubre de 2010

Somos culpables

Somos culpables 


De repente estalló la noticia en los medios, la vileza y crueldad de la muerte de la niña no tenían medida. asqueados asistimos al descubrimiento de la brutalidad, del horror humano.

En Mendoza, frente al a Legislatura provincial observé estos carteles, y no pude menos que sentirme parte de ese pedido.





No podemos seguir callando y asistiendo ante la violación de los derechos de los niños, ante el aprovechamiento de su  vulnerabilidad. Con lo de Guada reventamos, nos asqueamos ante la violencia, nos escandalizamos sin medida. Perdimos el control, reclamamos justicia... pero no hacemos más que llorar sobre lo ya hecho, y no alcanza. No alcanza, no es suficiente, nada será suficiente para reparar el sufrimiento de esta pequeña, pero no podemos dejar que una vez más sea en vano. Como tantos otros, y tantos que no se conocen, que son anónimos, olvidados, perdidos.

NO podemos seguir minimizando la violencia, NO PODEMOS SEGUIR NATURALIZANDO LA VIOLENCIA A LA ESCANDALIZACIÓN DE CADA DÍA, momentánea, fugaz.La muerte de esta pequeña debe ser algo más que la catarsis de un pueblo harto de violencia.

La muerte de Guada, el sufrimiento de tantos niños producto de la violencia, el maltrato infantil, el trabajo infantil, la prostitución infantil. Pero debemos decir basta y no caer en juicios extremos.
Lo que trato de decir es que estos hechos son fenómenos complejos donde no podemos culpar sólo a una persona. Los medios señalan a la madre de esta pequeña, la culpan, la desnudan, la enjuician. Y yo me pregunto, ¿acaso esperaban que una mujer que ha sido prostituta desde los catorce años sea buena madre? Una niña no elige la prostitución, ella también es víctima de la perversión.

Estamos ciegos de odio, de violencia y de muerte. Debemos poner un punto final pero debemos buscar desentrañar las raíces del horror, comprender que algunas personas crecen en el horror y no son capaces de salir de él solas. Debemos darles una salida a esas personas, darles soluciones previas, preocuparnos ANTES.
El horror, la perversión, no son tan marginales como uno cree, la violencia no se mueve tan escondida, se gesta despacito allí donde nuestros ojos la ven. Sólo que nos movemos en un mundo donde el mal y el bien están en pugna constante y lo que antes rechazábamos hoy no lo vemos tan mal. Lentamente dejamos pasar cosas por alto, y algunas cosas ya no parecen tan malas. Parece normal la exposición mediáticas de modelos, vedettes que mundanizan la imagen de la mujer hasta límites degradantes, y muchos ejemplos más se suceden día a día.


La violencia se gesta, el horror se cocina y prepara. Nosotros debemos dejar el silencio y comenzar a salir al mundo a  cuidar el bien. Debemos cuidar nuestros niños, nuestros ancianos, nuestras escuelas... tantos ámbitos.  No debemos esconder la violencia, debemos evidenciarla,  abrir los ojos para rechazarla. Pero debemos despertar del horror, debemos dejar la ingenuidad, debemos cuidar las familias, educar nuestros niños, debemos rechazar el mal desde el germen, no sólo ante su máxima expresión.
Debemos rezar más por el mundo, pero rezarlo cada día en nuestras acciones. Debemos lucahr contra la violencia desde la paz, desde la justicia, desde la bondad.


TODOS SOMOS CULPABLES Y RESPONSABLES DE NUESTRA HISTORIA. ES URGENTE ASUMIR QUE EL CAMBIO NO ES POSIBLE SÓLO DESDE UN PLANO DISCURSIVO.ES URGENTE QUE NUESTRAS VIDAS SEAN TESTIMONIO DEL BIEN, DEL AMOR Y DE LA PAZ.





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