martes, 12 de octubre de 2010

La culpa es de uno

,,,al decir de Benedetti.

Pero el fenómeno es un tanto más amplio, pues no es cuestión de culpabillidades sino de desencuentros como diría un poeta menos conocido pero más amigo.

Y vuelve a suceder, y las murallas no eran equivocadas, y los sueños un tanto más errados. No se por qué, pero lo eran,

Reconozco que no tenía sentido el descargo  y miles de palabras vuelven a estar vacías, y tantas otras no vacías reclaman, huidizas, un lugar donde morar.

Hay límites infranqueables que me siguen llamando, hay sueños que no pueden ser nuestros y sin embargo nos habitan personalísimos.Pero cuando ya no pueden habitar se resisten, se desbordan, se sublevan y nos abandonan.

¿Qué se dice cuándo ya nada se puede decir? ¿Cómo se llena el silencio cuándo antes estuvo repleto de risas?

Tengo una tristeza tan cansada que hasta se olvida de llorar.
Tengo un camino atorado en la garganta y unas ganas de correr que me desbordan...
Tengo tantos tengo que se me acalambran las palabras traicioneras que ya no puedo decir.

1 comentario:

  1. La culpa es de uno y no de los pretextos ni del tiempo.
    Los desencuentros son más crueles que los desengaños y duelen más, quizá justamente porque en verdad no tienen culpables.
    Hoy ha sido un día en verdad extraño. Sólo el tiempo sabrá si es el principio de algo grandioso o de la peor úlcera de mi alma. Conseguí ponerle nombre a algunas cosas, y ahora quizá duelen un poquito menos, pero marean bastante más.
    Hay días que son así: comienzos de un nuevo tiempo. A veces los principios borrascosos son preludios de grandes recorridos o de apoteóticos finales. Paciencia, es la única clave.
    Te quiero. Te quiero mucho. Te abrazo desde acá. Espero verte pronto.

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