viernes, 3 de septiembre de 2010

Juan Gris



             Lentamente abriste los ojos. Viste la luz del sol entrando por las endijas de la persiana y sólo te fastidiaste. Cerraste nuevamente los ojos, como hacés todos los días, tratando de volver a abandonar esta realidad que tanto te aterra. Te miré desde la puerta, cuando advertiste mi presencia, tan solo suspiraste e incorporándote comenzaste a vestirte. Metódicamente: primero la camisa, luego el pantalón, te detuviste en las medias:
- Esto tiene un agujero... - y con rabia las tiraste al piso. Luego comenzaste a buscar otras medias limpias, impolutas, perfectas, que combinaran con tu triste traje gris..
- Juan, no tenés por que ponerte así solo son un par de medias, pero si lo pensás todavía  sirven para colar café...- dije riendo, tratando de restarle importancia a tu dolor, tratando de no ver la angustia de tu sufrimiento.
- No hace falta, todavía nos podemos dar el lujo de comprar filtros para el café. Te pedí que ahorráramos, no que fueras miserable.- me respondiste con esa rabia calma que a veces te inunda.            Mientras decías las últimas palabras me  miraste, comprendiste que, cómo todos los días, habías hablado de  más, y que esas palabras habían dolido. Pero yo  no pude callarme, tenía que decirte algo, dejar pasar las cosas nunca fue mi fuerte:
- No creo que sea miserable, creo que la miseria está entrando en casa desde que creíste que sólo trabajando podías alejarte de ella...- y te hable con  bronca,  con  esa angustia que endurece las palabras - ?todavía no entendés que la miseria es ésta que se está colando entre los dos? Miseria es es beso frio que me das cuando llegás, son todas esas palabras que tan solo no decís, todas aquellas que preferís callar.Es silencio, silencio de palabras mudas en tu temor. ???Miseria es esta distancia que imponés entre nosotros!!!, miseria es el día que olvidaste que para sonreir no hace falta pensarlo.Miserable es saber que yo, tu hermana, siento que sos un extraño...- y ya no pude seguir hablando, el nudo que tenía en la garganta me estaba ahogando. En el pecho sentía la opresión de tantos días en silencio, de tantas horas sintiendo que estaba perdiendo lo que no me atrevía a buscar.
            Ese día no dijiste nada, tan sólo tomaste tu maletín y sin siquiera mirar el café y las tostadas, que tan temprano había preparado, te marchaste. Cuando saliste la habitación me pareció más grande, tu presencia ,que todo empequeñece, se estaba borrando de  mi vista. Decidí que si vos no habías desayunado, esa no era razón para que yo  no lo hiciera. Pero no iba a dejar que  esa  pequeña escena arruinara lo que había pensado iba a ser un día encantador, así que mientras recalentaba el café ya tibio, prendí el equipo, escuché un tango que me devolvió la  melodía infame de un país sin esperanza. Escuché la melodía pero me aparté de la letra, no quería escuchar otra historia triste, ya tenía suficiente con la ausencia obligada de  papá y mamá.
            Terminado el desayuno me apresuré a lavar los platos, mientras lo hacía mi mente volaba al ritmo de un viejo bolero que sonaba en la radio. Pensé que si salía convenía ir al supermercado, no me entusiasmaba mucho la idea, no quedaba mucho dinero,  no me habían pagado las vacaciones, y recién en febrero podría cubrir una  nueva suplencia. Pero aunque fuese poco, tenía que comprar algo para el almuerzo.
            Me acerqué a mi habitación para vestirme, no me sentía bien, me había dolido tu actitud. Creo que no hay  nada que me lastime tanto como el silencio, ese traidor infame de la sinceridad que siempre nos tuvimos. Hace unos meses comenzaste a cambiar,  todo coincidió con el día que comenzaste a trabajar en el banco. No puedo entender todavía como un simple puesto puede modificar a una persona, entiendo que no era lo que vos buscabas, pero no es tan malo. Cuando los papis decidieron irse a trabajar a Italia , con la familia de mamá, vos y yo decidimos quedarnos. Yo tenía mis buenas razones: la facultad estaba a mitad de camino, vos, en cambio, te quedaste tan solo por esa chica. ?Cómo era q ue se llamaba? Ya recuerdo, Luciana. Linda forma de pagarte tuvo, con Lucas, tu mejor amigo, con ese mismo se le ocurrió meterse. Juancito, Juancito mi hermanito, ?por qué siempre fuiste tan ingenuo con la gente?. Si me  hubieses hecho un poco más de caso.?Por qué ya no confiás en mi?
            Recuerdo el día que los viejos se fueron, mamá se paseó por toda la casa, recorriendo con la punta de los dedos los muebles, las paredes, y todas las fotos, tratando de llevarse un poquito de todo. Papá no decía nada, solo trataba de reírse del miedo de mamá a los aviones. Yo trataba de no mostrar el miedo a que nos dejarán. Mientras miraba la foto de tu comunión, esa que salimos  todos juntitos y felices, nos habló:.
- Tan pequeños... no van a dejar nunca de ser mis pequeños, siempre van a ser mis niños...Mis bellos hijos, ?lo saben bien?- y comenzó a llorar.
Papá que nunca soportó ver llorar a mamá intervino:
- Dale vieja, no aflojes ahora, sabés que solo son unos meses, es el ultímo trabajo afuera, son sólo dos años y volvemos, y nunca más nos vamos. Dale mi viejita linda, no me aflojes ahora. Y estos dos  ya no son niños,  juntos se las van a arreglar.
            Las palabras de papá todavia resuenan en mi cabeza,  no puedo evitar sentrime responsable por ese "arreglar". ?Qué te pasó Juan? No quiero creer que la rutina te cambió, tampoco fue Luciana, después de todo era de esperarse tanto de ella como de Lucas, pero algo te amargó. Lentamente te vas consumiendo, cada día que pasa oscurece un poco más el brillo de tus ojos, perdiste el gusto de debatir conmigo largas horas. Ya nada te causa risa, hace tanto que no escuchó una risa fresca salir de tu boca. ?Será acaso el estudio? A todos nos costó acostumbrarnos, vos tenés carga doble, porque trabajas para bancarte la cuota,  pero acaso ?no te gusta la carrera?
            Ya no soporto  verte así, cada día, cuando salís, cuando te ponés el saco del traje, parece que te perdés un poco más. Salís para el trabajo, me saludás, pero tus ojos me miran cansados, como si toda una vida les hubiese pasado por delante.
            El otro día recuerdo que te llamó Camila, tu nueva novia. Sencillamente insoportable, habla tanto que el tiempo parece no alcanzarle para concluir una mínima idea, ella ocupa todos los silencios que vos dejás caer en tu vida, pero, al igual, que vos no dice nada. Juancito, mi niñito,       ?cómo lograste ser un hombre gris cuando de niño eras  tan soñador? Recuerdo que te podías pasar horas contándome todo lo que ibas a ser cuando lograras ser ingeniero de aviones, como vos decías. Eras feliz con solo mirar los rayos de sol filtrarse por la ventana, esos mismos rayos que ahora te molestan por la mañana.
            Trato de entender tu cambio,  pero no encuentro razones, y ya no se puede hablar con vos.  Sin embargo yo no dejo de hablarte como siempre, de molestarte todos los días para lograr entenderte. Cada día que pasa estás mas lejos de lo que pudiste ser. Hace una semana te lo dije enojada:
- Juan,??? desde que llegaste del trabajo no dejás de ver la tele!!!...No podés hablarme siquiera- y  vos ni siquera mi mirabas, entonces con rabia te dije- acordate lo que siempre decía papá: si no dejas de ser una sombra de lo que no pudiste ser no serás nada.- y ni te moviste del sillón, ni siquiera me miraste.
            Yo no dejo de preguntarme cuál sera tu camino,¿adonde irás caminando?
            Se me estaba haciendo tarde, el super iba a cerrar, asi que salí rapidamente dejando atrás todos los pensamientos tristes. Después de todo, no hay día que no te piense así.
            Mientras caminaba hacia el super, unos niños pasaron corriendo, bueno no tan niños, debían tener entre quince y dieciocho años. Me quede mirándolos,  me recordaron que nosotros teníamos esa edad cuando los papis se fueron a Italia. Hace cinco años que se fueron, hablamos por teléfono, quieren volver, pero todavia les falta ahorrar, la plata para comprar la casa ya esta casi toda, pero sólo casi. Miré a esos chicos, y te recordé, y se me vino a la mente la última frase que le dijste a papá, en el aeropuerto, mientras los dos lloraban:
- No  me llorés mas viejito, nos vamos a cuidar, después de todo no soy tan niño, tengo quince. Aparte viejito... el otro día me di cuenta de algo, una parte de crecer es aprender a decir adiós.- y no dijjiste más nada, tan sólo lo abrazaste al papá en silencio.
            No se como no me di cuenta antés, cinco años con ese recuerdo olvidado. Ahora comprendo porque sos Juan y ya no sos mi Juancito. Ahora entiendo porque dejaste de ser el soñador, el que iba a construir el avión que iba a revolucionar el mundo, ahora comprendo porque ya no soñas tener hijos. A todos tus sueños les dijiste adiós...  ?No Juan! Eso no es decir adiós, eso es dejarse morir, porque quien no sueña comienza a morir, comienza a ser solo aquél que puede ser y no el que soño ser. Juancito, no te quedés, volvé a ser ese chico lindo, volvé a sonreír. No dejés que el gris llene tu vida, no dejés que todo pase sin lograr conmoverte. Date cuenta que la vida puede doler, pero también puede hacerte feliz, y ninguna de las dos puede evitarse, tan sólo debés animarte a arriesgar. No podés ir por la vida con miedo, porque lastimarte... te van a lastimar muchas veces, y también vos vas a lastimar muchas veces, aunque tratés de evitarlo. No busqués tener el pleno control de tus acciones, porque hay cosas que no pueden medirse, solo se sienten. Juan no te olvides de sentir, la vida no es sólo un trabajo, una obligación, la vida es el regalo de poder disfrutarla día a día, es el regalo de amar y ser amado, es el regalo de que nos lastimen para poder aprender del dolor. Juancito, no te quedés en ese pequeño ser gris que sos cada vez que te acomodas el saco.
            Y Juan, no te alejés de mi, porque más allá de tus temores yo te amo...   
                                                                                                                                  Tu hermana.

            Pasaron dos días hasta que me animé a dejarle la carta a mi hermano Juan, la dejé sobre la almohada de su cama, subí a la terraza a fumar mientras le daba tiempo para leer. Espere con miedo, miedo de que no entendiera, miedo de que me odiara, miedo de pelear.
            Pero no sucedió nada de eso,simplemente no sucedió nada. Cuando bajé, no estaba la carta, tampoco estaba Juan,solo estaba la tele encendida y la puerta de la calle abierta..




M. Julieta Lelio


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